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ENRIQUE GARCÍA RENDUELES, traducido del asturiano por Lourdes Álvarez

Enrique García Rendueles nació en 1880 en Gijón, donde murió en 1955.



LA RUECA

              

N' arca rebilicoquiada

Hebo guardada la rueca,

Onde filara so vida

La santa y piadosa güela.

    Allá pelos años mozos,

Cabo l' arroxada lleña,

Dempués d' echadu 'l rosariu

Filó d' amores la freba,

Metanto que xelu y ñeve

Abaxaben de la sierra,

Y canturriando El Galán

D' esta villa y Doña Enxendra,

Entamaba la fusada

Que corazones allegra.

    Dimpués, amestando penes,

Apiegaba cola llengua

El filu rotu exmesando

Deprisa, exmesa qu' exmesa;

Y, á par xustaba 'l roqueru

De sedes y llentexuelas,

El fusu revolotiaba

Allegre porque s' enllena,

Como l' abeya ente flores,

Pa dar cumplida madeja

Diba 'l filu lluengu y bonu,

Y la vida bona y lluenga

Ansí pasaba exmesando

Ora pasín, ora apriesa.

 

    Y cuando 'l sol poco á poco,

Mortiguada la foguera,

Con lluciquines rosades

Valle y montes encapiella,

Sentadina na quintana

Mirólu fuxir l' agüela;

Y enos dedinos cual gayos

Duna parra seroñega,

Fo quedando adormecía,

Fo descansando la rueca;

Qu' hebo guardá cual riliquia

Pa que los miós fíos la ufrendan

A los ñetos, y filando

Un cerru de bona mena

El llino semao na vida

Sía fusada nas estrellas.


 

LA RUECA


En el arca adornada

estuvo guardada la rueca,

donde hilara su vida

la santa y piadosa abuela.

    Allá por los años jóvenes,

junto a la enrojecida leña,

tras el rezo del rosario

hiló de amores la hebra,

mientras el hielo y la nieve

bajaban desde la sierra,

Y canturreando El Galán

de esta villa y Doña Engendra,

empezaba la fusada

que corazones alegra.

    Después, anexando penas,

pegaba con la lengua

el hilo roto mesando

deprisa, mesa que mesa;

y, al tiempo ajustaba el rocadero

de sedas y lentejuelas,

el huso revoloteaba

alegre porque se repleta,

como la abeja entre flores,

para dar cumplida madeja.

Iba el hilo largo y bueno,

y la vida buena y larga

así pasaba mesando

ora despacio, ora aprisa.

 

    Y cuando el sol poco a poco,

disminuida la hoguera,

con lucecitas rosadas

valle y montañas encapucha,

sentada en la quintana

lo vio marchar la abuela;

y en los deditos cual gajos

de una parra otoñal

fue quedando adormecida,

fue descansando la rueca;

que hubo guardar cual reliquia

para que mis hijos la ofrezcan

a los nietos, e hilando

un cerro de buena ralea

el lino sembrado en la vida

sea husada en las estrellas.




 


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