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SAINT-JOHN PERSE, traducido del francés por Miguel Ángel Real

Saint-John Perse nació en Pointe-à-Pitre (Guadalupe, Francia) en 1887 y murió en Provenza en 1975.



UN PEU DE CIEL...

 

     Un peu de ciel bleuit au versant de nos ongles. La journée sera chaude où s'épaissit le feu. Voici la chose comme elle sera :

     un grésillement aux gouffres écarlates, l'abîme piétiné des buffles de la joie (ô joie inexplicable sinon par la lumière!) Et le malade, en mer, dira

     qu'on arrête le bateau pour qu'on puisse l'ausculter.

     Et grand loisir alors à tous ceux de l'arrière, les ruées du silence refluant à nos fronts . . . Un oiseau qui suivait, son vol l'emporte par-dessus tête, il évite le mât, il passe, nous montrant ses pattes roses de pigeon, sauvage comme  Cambyse et doux comme Assuérus . . . Et le plus jeune des voyageurs, s'asseyant de trois quarts sur la lisse : «Je veux bien vous parler des sources sous la mer ...» (on le prie de conter)

     — Cependant le bateau fait une ombre vert-bleue ; paisible, clairvoyante, envahie de glucoses où paissent

     en bandes souples qui sinuent

     ces poissons qui s'en vont comme le thème au long du chant.

 

     . . . Et moi, plein de santé, je vois cela, je vais

     près du malade et lui conte cela:

     et voici qu’il me hait.

 

 

UN POCO DE CIELO

 

            Un poco de cielo azulea por la vertiente de nuestras uñas. Será un día caluroso donde el fuego se espesa. Así será:

            un chisporroteo en las simas escarlatas, el abismo hollado por los búfalos de la alegría (¡oh alegría inexplicable salvo por la luz!) Y el enfermo en el mar dirá

            que hay que detener el barco para que lo examinen.

            Y entonces todos los de popa estarán a sus anchas, con el bullicio del silencio fluyendo hacia nuestras frentes... Un pájaro que nos seguía, su vuelo lo voltea, evita el mástil, pasa, nos muestra sus rosadas patas de paloma, salvaje como Cambises y amable como Asuero...  Y el más joven de los viajeros, sentado de tres cuartos de la balaustrada: «Estaré encantado de hablaros de los manantiales bajo el mar...» (le pedimos que lo cuente ).

            - Sin embargo, el barco da una sombra verde-azulada; apacible, diáfana, invadida de glucosas donde pastan
            en bandas ligeras que serpentean
            esos peces que se van como el tema a lo largo del canto.
 
            . . . Y yo, lleno de salud, veo esto, me acerco

            al enfermo y se lo cuento:
            y me odia.




 

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